viernes

Funcionamiento empático de una pareja sadomasoquista - Para un ensayo sobre la ilusión trascendental

          Entre mis recuerdos más ocultables, encontré este poema en francés mal escrito con lo muy poco que había aprendido en el secundario estatal:

Papa prenait la chaussure de maman
et il se mit à rire
et maman se mit aussi à rire
mais en tenant un peu
de la peur,
parce qu'elle savait papa commencerait à se gratter la plante
dans ce jeu cette fois avec pas de sang
et alors oui, les démangeaisons
serait insupportables.

Papá tomaba un zapato de mamá
y se echaba a reír
y mamá reía también
pero sintiendo un poco
de miedo,
porque sabía que papá comenzaría a rascar la suela
en ese juego  esta vez sin sangre
y entonces sí, la picazón
sería insoportable.

sábado

Miseria de mí mismo

          Hoy me siento igual de minusválido que hace más de veinte años, cuando usaba chombas espantosas de hilo de segunda, con motivos que se desgajaban desde el primer lavado, y tenía consciencia de mi pene y de mi imposibilidad de seducción la mayor parte de las horas. Apenas había empezado la carrera universitaria que me depositaría en el barril de los inservibles: hoy me repugna pensar qué es lo que le conviene a mi cliente, y mucho más verme negociando como un fenicio espurio grandezas relativas y pequeñeces objetivas de la vida de cuarto be.
          Entiendo que el todo que me fue esquivo haya derivado en mi miseria actual, que aun encuentra correlato físico en mis podredumbres que se ven.
          Las chombas de la calle Avellaneda, que me impulsaban el abdomen y me cercenaban todas las potencias, ahora me dan miedo porque lo que diagnosticaban era cierto. De esta oración para arriba, léase como una anotación pelotudísima de red social.

lunes

Me están hackeando el blog

          Chicos, me están hackeando el blog. Había escrito un largo reguero de razones que estaba bastante bueno, pero tengo miedo de que el hacker se perturbe, haga otras cosas y afecte a mis contactos. Ya me hackearon también mis dos casillas de mails, que tuve que cerrar. Mis correos actuales pertenecen a distintas corporaciones y están permanentemente monitoreadas.

          Tengo también temor de otras cosas feas, en especial porque los años me han enseñado que la racionalidad no es eficiente para combatir la irracionalidad.

          Les envío un saludo, Pietro.

domingo

Cositas de Papá (X) - Potencia de daño

          Uno de los insultos más comunes que me dirigía mi progenitor biológico -titiritero del grupo enfermo y títere de su psicopatía- era la enunciación de una paradoja que, sin embargo, cumplía con toda eficacia su intención de estigmatizar. Frente a cualquier intercambio de ideas en el que yo sostuviera una posición contraria a sus afirmaciones o negaciones -posición que aun provendría de mi percepción infantil-, papá sentenciaba:

Mirá, tu madre es una santa, pero vos sos un hijo de puta.

          Verdad evidente que no hallaba punto de discusión ni controversia, y de la cual no se podía salir, como ciertamente y durante décadas no pude.

          Mamá, claro, no decía nada.

Resignificación, como diría una "docente"


COPROFAGIA: Tendencia de los co-propietarios a comerse entre sí; en especial, en las "Asambleas" de consorcio.

Nota de Pietro: Qué bueno que eligieran inmolarse.

martes

Lo que viene en TTM


          Escribo esto porque hace dos meses que estoy con mucha depresión y me voy a olvidar. Este año viene medio mal, pero quizás no tan mal como cuando salía con la chica a la que le habían hecho el orto. Los que me quieren ver hecho mierda podrían pasarse la película de mis últimos 3 años. Los próximos artículos versarán sobre:

          a) Una vez que el psicópata de mi padre me pidió que colaborara con mi hermano, que hacía casi 11 años que no me hablaba y que, 45 minutos después de que un juego mecánico le pulverizara dos vértebras a su esposa, me llamó para que me hiciera cargo del reclamo judicial. La forma en que termina esta historia es una de las más sutilmente hijas de puta que me pasaron, porque refleja precisamente la sutileza dañina del psicópata, la mierda de su pensamiento.

          b) La ocasión en que discutí con mi hermano y mi padre intervino en la charla a favor de él, para que todo se desbandara. Aquel acontecimiento finalizó con la orden del monstruo de que nadie me hablara (cosa que todos cumplieron fielmente, incluida mi madre y mis hermanos), orden que dejó de lado el día que tuvo que decirme "Pietro, llevame en tu auto al hospital, porque me asaltaron y me pegaron un tiro en el codo".

          c) Los cinco días fatales en que mi hermana, su esposo y sus dos hijos pequeños hubieron de dormir en una casa prestada, porque la inmobiliaria que comandaba el ex novio de una ex novia mía la estafó, vendiéndole una casa que pertenecía a un delincuente que tenía fecha de juicio oral y estaba inhibido por orden judicial. De cómo solucioné ese problema en escasos cinco días, y de cómo a todo el mundo le importó un carajo, entre otras cosas porque ni siquiera se preocuparon por saber qué significaba el hecho de que una persona acusada de un delito de competencia federal los hubiera dejado en la calle, y mucho menos cuál es la duración real y corriente de solución de ese tipo de conflictos complejos, y cuánto les hubiera cobrado un abogado hábil para destrabar el asunto. Lo que (no) hizo mi padre mientras esperábamos los sánguches de miga, él y yo solos, en la casa finalmente escriturada.

          d) Fuera de toda la mierda familiar, quisiera también hablar de otra mierda: el lenguaje de los sommeliers. "Taninos que juegan en la boca"; "variedades de altura", "aroma frutal con aires de pimienta", "vino joven" y otras pelotudeces de ese estilo a la que la clase media se prende como si fuera ella la que puede pagar siquiera el servicio de mesa de un restaurante adonde hay sommeliers de verdad, dedicados sólo a sugerir qué vino va con cada plato.

          Ya nos vemos.

miércoles

Patologías del amor. Hoy presentamos: Análisis incompleto y terrible de un sueño.

          Soñé que mi madre me depositaba en una cárcel de paredes blancas y estilo de construcción de principios del siglo XX; y luego se iba, a su vez, acompañada por la suya. Me dejaba en el comedor de la institución, un lugar con muchas mesas que ya habían sido abandonadas por los presos que terminaron el almuerzo; excepto por dos, uno de los cuales se quedaba resolviendo un juego de palabras cruzadas. Luego conducirme hasta allí, se retiraba sin mirarme, saludada por el preso del crucigrama, que acto seguido me miraba con ojos atractivos pero crueles y me decía en tono amenazante: "Vos andá preparándote y tené cuidado", en referencia a que él sería el encargado de que algo malo me pase.

          Entonces pensaba: "Pietro, tenés que dar por sentado que YA te violaron. O sea: asumí que te van a romper el culo; a partir de esa idea organizá tu vida en la cárcel lo mejor que puedas". Sentía que el que me amenazaba llevaba muchos años preso. Entonces salí, temeroso, del comedor, y recorrí el edificio sin compañía de nadie, hasta que llegué al muro que contenía la puerta de salida, un cerco con rejas al aire libre (que sé que no puedo franquear), y entre el cerco y la entrada de la institución había vías viejas y aplastadas de un tren que va a seguir pasando.

          Tratamos de interpretar rápidamente el sueño con mi psicóloga, porque por culpa de la porquería que atestaba subtes y veredas llegué media hora tarde a la sesión. De allí surgió mi sensación de abandono por parte de mi madre, que me entrega a mi padre en un ámbito de privación de la libertad cuyas paredes están pintadas del mismo color que mi casa de la infancia, también construida más o menos a principios del siglo XX. Mi padre administra allí un castigo que es ley dentro de la cárcel, del mismo modo que sus máximas y órdenes eran dolorosas por ser norma no escrita, pero de cumplimiento obligatorio dentro de la casa.

          Mi madre va acompañada de la suya, aunque, por un mecanismo de desplazamiento, bien pude haber soñado con la madre de mi papá. Mi padre discutía bastante con ella: de ahí las "palabras cruzadas" que está "resolviendo" cuando ambas llegan al comedor de la prisión. Pero lo más relevante es que, a través de esa imagen, me hallaba elaborando el posible origen de la psicopatía de mi padre: la sensación de que a él también su madre lo había abandonado afectivamente. Por esa razón, en el sueño lo reconozco como una persona ya habituada al ritmo y a las "leyes" de la vida carcelaria, que es la vida desprovista de afecto.

          Mi padre entonces, lejos de anudar conmigo una relación de intereses afines -ya que ambos claramente habíamos sido "dejados" en la institución; es decir, abandonados afectivamente-, elige la rivalidad -como realmente sucedió-, a través de un mensaje ambiguo, del mismo modo en que desempeñó en mí toda su tarea "educativa". La frase que me dice con ojos atractivos (la mirada del padre) se puede interpretar positivamente ("Andá preparándote y tené cuidado"; "Deberás ser fuerte para vivir en una prisión, yo tuve que juntar vigor para tolerar este tipo de vida"), o bien en sentido de advertencia criminal ("Mi madre fue afectiva con vos y no conmigo: preparate para la venganza y tené cuidado de mí"); durante mi adolescencia, por ejemplo, mi padre me advertía severamente que no podía estar "todo el día aplastando el culo leyendo" y que debía "salir a buscar trabajo a la calle": esa idea bien podía ser interpretada como un consejo saludable o como un castigo inmerecido. En razón de estar él ya aggiornado en la vida sin afecto -un ámbito en el que no puedo vivir, por tener yo una esfera afectiva excesivamente desarrollada- comienzo a sentir pánico (no sé conducirme de modo no afectivo y de ahí mi anonadamiento), y a hacerme a la idea de que los más grandes males me van a ocurrir. Así interpreté la invasión de mi intimidad por parte de mi padre durante cuarenta años, su afán y ejercicio de "penetración" en mi subjetividad e intimidad a fin de destruirlas: como una violación.

          Probablemente el desplazamiento de una abuela por otra se deba a que, en mi percepción, mi abuela paterna haya sido más afectuosa que la madre de mi madre. Así, mi madre iba acompañada en su conducta abandónica por la suya, a quien, tan abúlica que era, nunca la vi expresar emociones; a diferencia de la de mi padre, que me declaraba su amor y su adoración todas las veces que la veía. El "cambio de abuelas" favorecía el personaje de aquélla que, debiendo haber brindado afecto, no lo hizo.

          Deambulo entonces por la cárcel con desorientación, acompañado por la amenaza del seguro acceso carnal cerniéndose sobre mis días y mi integridad moral deshecha -algo que sucedió casi todos los días de mi vida fuera del sueño-. Igual que durante mi edad adulta, signada por la soledad y la pobreza afectiva, estoy solo: nadie me amenaza, aunque tampoco me ofrece su amistad. Experimento la misma sensación que durante el servicio militar, que cumplí a 2.000 km de mi casa: querer irme con mi mamá. Pero mamá, igual que ahora, no estaba en ningún lado, y eso se halla también simbolizado en el tren que desemboca en la cárcel ("el tren que trae niños abandonados por sus madres", un tren que no es el único ni en el cual viajé solo, ya que las vías viejas hablan de una instalación de larga data y de muchas llegadas periódicas de niños).

          Todo ello alimentó mi sensación de terror irreversible.